lunes, 22 de marzo de 2010

Tics nerviosos

Un tic es un problema en el cual una parte del cuerpo se mueve repetidamente, rápidamente, de repente y sin control. Los tics pueden ocurrir en cualquier parte del cuerpo, tales como la cara, los hombros, las manos o las piernas. Se pueden parar voluntariamente por períodos breves. A los sonidos que se hacen involuntariamente (tales como el rasparse la garganta) se les llama tics vocales. La mayor parte de los tics son leves y apenas se notan. Sin embargo, en algunos casos son frecuentes y severos y pueden afectar muchas áreas de la vida del niño.
Al tic más común se le llama "desorden de tic transitorio", el cual puede afectar hasta un 10 porciento de los niños en los primeros años de la escuela. Los maestros y otros pueden notarle el tic y piensan que debe de sufrir de estrés o estar "nervioso". Los tics transitorios se van por sí solos. Algunos se pueden empeorar con la ansiedad, el cansancio y algunos medicamentos.
Algunos tics no se van nunca. A los tics que duran por más de un año se les llama "tics crónicos". Los tics crónicos afectan menos de un uno porciento de los niños y pueden estar relacionados con un tic especial y poco frecuente llamado el "Desorden de Tourette".
Los niños con el desorden de Tourette tienen ambos tics, corporales y vocales (rasparse la garganta). Algunos tics desaparecen después de la adolescencia y otros continúan. Los niños con el desorden de Tourette pueden tener problemas de atención, concentración y pueden también tener dificultades con el aprendizaje. Pueden actuar con impulsividad, o pueden desarrollar obsesiones y compulsiones.
Algunas veces las personas con el Desorden de Tourette pueden decir palabras obscenas, insultar a otros o hacer gestos y movimientos obscenos. Ellos no pueden controlar los sonidos y movimientos y no se les puede culpar por ellos. El castigo de los padres, las burlas de los amigos y los regaños de los maestros no ayudan al niño a controlar los tics, pero van a herir su autoestima.
Mediante una evaluación médica comprensiva, que a menudo incluye consultas pediátricas y/o neurológicas, el siquiatra de niños y adolescentes puede determinar si el joven sufre del Desorden de Tourette o de otro tic nervioso. El tratamiento del niño con un tic nervioso puede incluir medicamentos que lo ayuden a controlar los síntomas. El siquiatra de niños y adolescentes también podrá aconsejar a la familia en cómo darle apoyo emocional al niño y proporcionarle un ambiente adecuado para su educación.
Para información adicional acerca del Desorden de Tourette puede llamar o escribir a la Asociación del Síndrome de Tourette [The Tourette Syndrome Association, Inc., 42-40 Bell Boulevard, Bayside, NY 11361-2861, http://tsa.mgh.harvard.edu/ Tel. (718) 224-2999].
Tics nerviosos: Válvulas de escape emocional
(EFE)


Tics nerviosos
Los tics nerviosos suelen aparecer o agudizarse en los momentos de inquietud, preocupación o nerviosismo, pero cuando ya están instaurados se presentan igualmente en situaciones relajadas, porque son ajenos a la voluntad. Quien los padece apenas es consciente de su conducta; quien los presencia no habla del tema por cortesía, aunque sienta rechazo.

Los hábitos nerviosos son movimientos breves, rápidos e involuntarios, simples o complejos, estereotipados, repetitivos y sin finalidad, que abarcan desde un simple parpadeo, hasta desórdenes complejos, que pueden alterar la vida del afectado.

Movimientos automáticos… y sintomáticos.

Estos “guiños musculares recurrentes” que son un mecanismo de defensa ante posibles amenazas y funcionan como “válvulas de escape” para retornar al equilibrio, son un trastorno común, que un 10 por ciento de la población sufre en algún momento de su vida.
Según el enfoque psicoanalítico, los hábitos nerviosos son un síntoma de un problema de la personalidad y se originan en diversos complejos, una agresividad reprimida, una necesidad de autocastigo o una autocomplacencia erótica. Por ejemplo, el tic de un niño puede ser la expresión de una relación conflictiva con su madre: una manera de decir no a las normas que ella le impone.

También pueden ser síntomas de una neurosis o de trastornos obsesivo-compulsivos, que se manifiestan en conductas como mantener un orden excesivo, o repetir rituales como lavarse las manos a cada instante o tener pensamientos reiterativos.

Algunos episodios duran una semana o poco más; otros son crónicos (duran más de un año). Una persona puede sufrir más de un tic a la vez sin que se interfieran entre sí, y a veces, cuando desaparece un tic aparece otro.

Los tics se desarrollan gradualmente: una persona se muerde una uña rota, después comienza a utilizar esta técnica para “arreglar” sus uñas y esa costumbre se consolida.

Estos desórdenes empeoran con el estrés y las situaciones que causan malestar; se profundizan al someter a quien comienza a sufrir un tic a una sobrecarga de atención; disminuyen o desaparecen cuando la persona se halla tranquila, distraída o duerme; se atenúan si se practica alguna actividad física o mental absorbente.

Orígenes y desencadenantes.
Según los expertos los tics tienden a aparecer cada vez que se presentan ciertas situaciones y actividades como leer, ver la tele o ir al dentista. Pueden presentarse ante sucesos como un examen, la muerte de un ser querido o una situación violenta.

A veces aparecen por imitación (al adoptar hábitos de nuestros padres), problemas médicos (una faringitis puede derivar en una carraspera continua), o la práctica excesiva de un movimiento habitual (retirarse el cabello de modo inconsciente).

El nerviosismo, la ansiedad y la inquietud, habituales, y los trastornos obsesivos y de ansiedad así como los períodos conflictivos de la vida, son un caldo de cultivo ideal para los tics. Vivir en una familia con tendencia a las conductas repetitivas o a practicar actos rituales para aliviar la ansiedad, también favorece la aparición de tics.

Los estudios indican que los hábitos nerviosos son más habituales en los ambientes familiares que son muy rígidos en sus normas, que tienen poca permisividad en la expresividad social y que ejercen un fuerte control en el comportamiento de los hijos, a quienes se les exige que sigan un tipo determinado de conducta de forma inflexible. Los niños con antecedentes familiares de tics, son más proclives a desarrollar estos desórdenes.

Tics de todo tipo y duración.

Según los expertos hay distintos tipos de tics, como los “motores”, que se localizan en distintas partes del cuerpo y abarcan desde el parpadeo continuo de los ojos y las sacudidas de la cabeza, hasta el encogimiento de hombros y las muecas faciales.

También los hay transitorios (surgen sobre todo en la adolescencia, no duran más de dos semanas y tienden a desaparecer espontáneamente), guturales o vocales (afectan a las vías respiratorias, suelen ser pasajeros y consisten en carraspeos, pseudo-ladridos, olfateos, chasquidos de lengua) o crónicos (perduran un año o más, y aunque pueden desaparecer durante un tiempo, suelen reaparecer en las situaciones críticas).

Para la psicóloga y terapeuta alternativa Margarita García Marqués, que dirige el Centro de Terapias Psicocorporales HARA, de Madrid, los tics son “una forma de manifestar una energía reprimida, una descarga de tensión y una forma de expresar una agresividad o emoción reprimidas”.

“Esos impulsos reprimidos se vuelven contra la voluntad de la persona y esconden diversas emociones, como angustia, rabia, aflicción, turbación, excitación sexual o triunfo”, señala.

“Los tics comienzan en la infancia, después pueden cesar durante un periodo de letargo, para volver a mostrarse en la edad adulta y son tres veces más frecuentes en el hombre que en la mujer”, señala la experta, que explica que “hay que evitar que el problema vaya a más, cuando afecta al funcionamiento del individuo y no le permite realizar una vida normal, y se asocie a un bloqueo energético y una represión”.
¿Cuándo preocuparse? Según los psicólogos, todos tenemos hábitos y es normal: no significa estar desequilibrado. Se calcula que una de cada 10 personas sufre durante su vida hábitos nerviosos, que no tienen excesiva importancia, son desahogos idóneos ante una excesiva presión, pueden ser considerados sanos y desaparecen sin dejar rastro.

Cuando se vuelven patológicos.

El problema surge cuando el tic se repite muchas veces o interfiere en otras actividades, o comienzan a aparecer diversos tics y en una misma secuencia, todos seguidos. No hay que dejar sin tratar aquellos tics que puedan limitar el contexto de relación o afectar la autoestima.

Si el hábito se transforma en un problema existen opciones eficaces para abordarlo: las técnicas de autoayuda (aconsejadas por los expertos), la psicoterapia (en los casos más severos), la relajación (contribuye al autocontrol) o las medicinas complementarias (la homeopatía y la acupuntura ayudan a equilibrar el sistema nervioso).

Tirarse del pelo o mesárselo, morderse las uñas, los labios o el interior de la mejilla, carraspear y toser, guiñar el ojo, resoplar, hacer sonidos o muecas, no poder estarse quieto, atascarse al hablar o tartamudear, pestañear con mucha frecuencia o rechinar los dientes, son algunos de los hábitos nerviosos más habituales.

Soluciones de urgencia

Para deshabituarse de un tic, los expertos recomiendan como primera medida desdramatizarlo, y a partir de allí, probar una serie de autoayudas básicas para eliminarlo o controlarlo:

1.Tome conciencia del hábito percibiendo todos los detalles, situaciones o personas ante los que se desencadena o agudiza. Pida a un familiar o amigo que le ayude a descubrir su hábito nervioso, en que momento lo practica, con quien y durante cuanto tiempo.

2. Lleve un registro: tome de nota de los “qué, cuándo, cómo y dónde” de su hábito para comprobar sus progresos; cuánto más sepa de su tic, más estrategias podrá diseñar para controlarlo.

3. Motívese, ya que de nada sirve que los demás le “obliguen” a cambiar su conducta; si usted no lo desea no conseguirá eliminarla.

4. Analice los problemas y molestias que le ocasiona el tic: tal vez sea tan insignificante que no valga la pena cambiarlo, o quizá esté limitando su vida del algún modo; dedique un tiempo a descubrirlo.

5. Fíjese en los tics ajenos y sus inconvenientes: probablemente le moleste que alguien que conoce se coma las uñas o tire el pelo.

6. Aprenda “reacciones de competencia”: conductas opuestas o incompatibles con la manía, que no puede realizar al mismo tiempo que el tic y le ayudan a controlarlo; aplíquelas cuando note que va a surgir el tic, manteniéndolas unos 3 minutos. Si no lo consigue a la primera, con práctica lo logrará automáticamente.

7. Actúe: al principio deberá ensayar para aprender la reacción de competencia; después podrá aplicarla en cualquier situación.

8. Practique algún método de relajación y mantenga una respiración profunda y tranquila en los momentos de nerviosismo.

Además, según la psicóloga Margarita Marqués “practicar algún deporte que permita sacar el exceso de tensión y agresividad o realizar una psicoterapia o terapia alternativa que permita tomar conciencia del problema o conflicto que se está tratando de evitar con el tic, ayudan a desbloquear la energía que ha quedado fijada mediante el tic”.

1 comentario:

  1. pura mierda tengo tics y nada de esto anterior sirve de nada me distraje leyendo para eso sirve

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