jueves, 12 de marzo de 2009

Mientes diciendo " No soy controladora" si ...




Eres la única que tiene las llaves de la casa.


Sabes exactamente cuantos gramos de cada comida hay en el freezer, tiens contados los sobres de sopa dentro de cada caja y detectas al instante si alguien ha comido maníes del frasco.


Sabes exactamente qué día debes ir a comprar más detergente , jabón en polvo, dentífrico y azúcar morena.


Te enteras desde lejos con quién está hablando por telefonoco cada miembro de la familia, y se lo preguntas , para rectificarlo.


Jamás en tu vida has dormido una siesta....¡ podría suceder algo de lo qu no te enteres!


Debes saber exactamente dónde está en cada monento cadamienbro de la familia. Incluso el gato.


No tienes gatos porque es un ser que a veces no puedes rastrear.


Nada te indigna más que alguien abra un paquete de galletas sin consultarte.


Sistemáticamente revisas los bolsillos , las carteras y las mochilas de cada uno en casa.


Si alguien se demora media hora del horario habitual de llegada acsa, tiene que explicarte qué ha hecho en ese tiempo.


Exiges a tus hijos y tu marido que te cuenten sus sueños... ¡y los interpretas!.


Te ofendes todos los meses con una amiga distita porque salió con otra o fue a una reunión y no te avisó ni te invitó .


Llevas la economía familiar calculada al centavo, y te infigna que tu marido compre algo al doble de precio que tu puedes conseguirlo.


Tienes contabilizados los pimpollos nuevos de cada rosal del jardín .


Le exiges al pintor que ponga los sobrantes de pintura en latas selladas e identificadas por color. Luego te quejas de que no vuelva cuando los llamas a que retoque el cielorraso.


La casa está perfecta y nunca falta dinero .


No soportas al personal doméstico porque plancha peor que tu, no limpia detrás de los muebles y llega con diez minutos de retraso.


Pierdes trabajos porque quieres hacer la tarea de todos los demás, y superas en eficiencia a tus jefes .


Las vacaciones te parecen una pérdida de tiempo y dinero.


Ves los errores de todas las películas : eres experta en detectar que en medio de un diálogo le cambió el anillo de lugar a la actriz y el color de la corbata a actor, que los indios usan reloj y que se ve un microfono colgando sobre la cabeza del asesino serial.


Tus hijos huyen y prefieren pasar el dia entero en el ciber, y tu marido se queja de que nada te conforma.


Estás agotada, no sabes por qué y te tomas hectolitros de Olive ( la flor de Bach para recuperar la energía) y desayunas con Guaraná , Ginseng y expressos.


En casa cada nocjhe eres la ultima en acostarte. Y cada mañana , la primera en levantarte.


Te frusta espantosamente que un hijo no se saque buenas calficaciones en la escuela.


Te pasas tres dias llorando y no es sindrome premenstrual .


Tu madre jamás te llama porque crees que nunca tienes tiempo ni para hablar por teléfono.


Juras odio eterno al perro cuando encuentras el paquete de panceta vacio dentro de su cucha.


Te siente culpable por ser tan controladora, entonces agasajas a todos con una gran fondue hecha con 500grs de Emmenthal , 500 gramos de Fontina , kirch, fecula y vino chablis .


Cancelas la fondue cuando tu hijo se comio la mitad del Fontina y tu marido se bebió la mitad del Chablis .


Huyes de tu espantosa casa para ser voluntaria del hospital más cercano.


Los pacientes del hospital se quejan de que no les dejas somir la siesta, y los atosigas obligandolos a leer libros de autosanación .


Pasas del hospital a un orfanato. Duras poco : los huerafnos se quejan de que los obligas a comer sano y a aprender manualidades, cuando ellos solo quieren mirar la tele y comer chizitos.


Sueñas con abandonar todo y mudarte sola al desierto, donde no hay nada que controlar porque ni siquiera llueve, ni hay gente que meta la pata . En vez de eso, gasta un dineral en lanas , con las que te dedicas a tejer colchas frenéticamente.




Te crees una Wonderwoman cuando...

La maestra te cita a la escuela para hablar de tu hijo, y ni se te pasa por la cabeza pedirle a la maestra que lo llame al padre, no a vos.

Venís de hacer las compras del super, y en lugar de entrar pidiendo a tus hijos que bajen las bolsas del auto, las bajás vos para que no protesten , porque los angelitos están mirando la tele...

Tu hijo te llama a los gritos y vos vas, en vez de pedirle a él que se acreque, y que no acudís si te gritan .

Te descubrís planeando un menú distinto para cada uno porque Rosi está a dieta, Diego esta´ demasiado flaco, a Pablo no le gusta el pescado y tu marido sonríe solo si hay carne asada...

Preferís limpiar todo vos sola antes que contratar una mucama que te falte.

Sos la única encargada de darle los medicamentos a tus hijos ...¡ como si tu marido no supiera leer la hora del reloj!

La única en la casa que sabe coser sos vos.

Vas a comprarle un regalo de cumpleaños a tu suegra ...tu cuñada ...¡ y tus cuñados!

Si alguien te pide algo, decís siempre que " si" .

Vos nunca pedís nada .

Empezás a aprender a hacer el asado y a arreglar enchufes.

Le decís a tus hijos que hagan silencio , porque papi está durmiendo la siesta.

Todos tienen ropa nueva en casa menos vos, que usás la misma desde 1989.

Decís que al volver del trabajo planchar te relaja .

Te alimentás a carcaza de pollo, galletitas rotas , restos de sandwiches , pan quemado ...¡ y subís tres kilos por mes!

jueves, 5 de marzo de 2009

Enojadas , puede ser ...¿Aburridas? ¡ Jamás!


Cada día de la vida es para una madre una aventura asombrosa, porque los niños tiene la increíble capacidad de hacer desvanecer las rutinas.
Conozco mujeres que de solteras se quejaban de que estaban aburridas, y que en cuanto tuvieron un hijo, el aburrimiento se les desvaneció de manera definitiva. Esto no quiere decir que te aconseje tener hijos en vez de alquilar videos. Lo que quiero decir es que un hijo te puede hacer sentir frustrada, furiosa, agotada...pero jamás aburrida. Y menos, sola. Una puede sentirse sola de joven. Pero siendo madre… ¡adiós, soledad! Es más: empezás a desesperarte pensando “¿Cuando tendré un rato sola?”. La palabra “sola” - que antes te estremecía de terror- …¡ahora te suena a paraíso terrenal!
No hay recetas sobre cómo encarar la maternidad, ni métodos mejores o peores de hacer las cosas. Sólo hay madres distintas, cada una haciendo lo suyo de la mejor manera posible. Y seguro que lo hace muy bien, porque lo hace con amor.
Mi madre, por ejemplo, esterilizaba todo lo que estaba cerca mío. Me ponía escarpines y zapatitos de charol. Me obligaba a comer sesos e hígado, por el hierro. Sólo ella decidía qué ropa me pondría y cómo me peinaría, hasta que cumplí 12 años. En sus ratos libres, tejía o cosía.
Cuando yo tuve a mis hijos, nunca me lavé las manos para alzarlos, salvo que viniera de enterrar un perro en el fondo. Nunca perdí tiempo esterilizando nada, porque los chicos a los cinco meses ya están chupando suelas de zapatillas y comiendo puchos del suelo. Vestí a mis hijos con ropa oscura para que pudieran gatear por donde quisieran sin que yo no me preocupara por la mugre. Hasta que empezaron a caminar, estuvieron siempre descalzos. Nunca les puse escarpines. Descubrí que eso mantiene a los bebés muy tranquilos- usan los pies para el tacto- y no se les enfrían, porque los tienen muy cerquita del corazón. Nunca hice sesos ni hígado. Se visten solos desde los 4 años. A veces eligen combinaciones pasables, otras parecen disfrazados de murguistas, pero a mí me sacan un enorme peso de encima seleccionando su propia ropa. En mis ratos libres , lo que hago es ….perdón , ¿ de qué rato libre me hablan?
¿Alguien puede decir que alguno de los dos estilos sea mejor o peor que el otro?
Si le preguntan a mi madre, ella dirá que mi sistema es desastroso. El de ella, tal vez, fue más dedicado. Pero yo trabajo en casa y fuera de casa, y si no simplifico, me internan.
En suma: me frustro, me estreso, me agoto, me enojo…pero ya no entiendo a las mujeres que juegan solitarios, resuelven crucigramas o me llaman diciendo “¿Hacemos algo, que estoy aburrida?” , porque hace unos cuantos años – exactamente los de mi hijo mayor - que nunca me aburro.
¿Queda muy mal decirle a una amiga “¡Dale, vení a casa a planchar!”?

martes, 3 de marzo de 2009

¿Qué es ser una Superpoderosa?

Todas las mujeres tenemos capacidades que los hombres no tienen . Eso nos hace especiales siempre . Pero la mujer que es madre se convierte en superpoderosas. Ser superpoderosa es ser una mujer que toda la vida se asustó con las cucarachas y las arañas, y despésu no piude que la sacrifiquen durante el parto y se lo aguanta como una diosa, con total dignidad. Y convegamos que entre la araña y el parto, cualquiera se queda con la araña .


Ser superpoderosa es poder llegar a tiempo al trabajo después de haber pasado un fin de semana trabajando en casa sin reponerte , sabiendo que nunca tenés un día de descanso. Porque una mamá es alguien que todo el tiempo está haciendo algo.
Una madre, trabaje fuera de casa o no, siempre es una laburante. Porque en toda casa con chicos hay que levantar zapatitos del suelo, poner las lentejas en remojo, colgar la ropa y revisar que no falte nada en las mochilas de los chicos. Es poder atender el teléfono, la puerta y revolver el arroz al mismo tiempo. Es sentir que necesitarías dormir más, pero siempre hay cosas urgentes para hacer. Y si no las hace una….¿ quién las hace?
Es que de las mujeres se espera que hagamos todo. Un hombre voluntarioso puede decir “ yo en casa ayudo” , y quedar como un duque . Pero una madre no puede decir tal cosa sin quedar como una inútil. Una madre no ayuda, HACE todo, y encima, va a trabajar. La jornada laboral de los hombres es de ocho horas, y una vez que han cumplido su tarea pueden mirar toda la televisión que quieran. La jornada de las mujeres es del doble: 15 horas, porque llegan a casa y siguen trabajando. Se espera que ellas tengan la heladera llena, la comida a punto y la ropa lista, planchada y guardada . Y que no haya una parva de platos en la cocina y – si tienen empleada – que sean ellas quienes le explican a Juanita como hacer las cosas. Por supuesto, Juanita también tiene doble jornada laboral.
En nuestro país, los hogares a cargo de mujeres crecieron un 44% en los últimos diez años. Entre la gente que trabaja, más de la mitad son mujeres. Y entre todas las madres, más de la mitad trabaja. El 80% de las tareas del hogar , las hacen las mamis. En los ultimos 50 años, los hombres colaboran en sus casas solo 20 minutos por día más que sus abuelos-
Todas las mujeres se debaten pensando si están haciendo las cosas bien. Y conviven con la sospecha de que si no están dejando de lado la casa, están dejando de lado el trabajo, y si están al día con ambas cosas, están descuidando a sus hijos.
Por más que sepamos que nadie puede hacer todo bien todo el tiempo, la autoexigencia es gigante. Sentimos que todo el bienestar de la familia depende de nosotras y que si descuidamos un sólo aspecto, toda la estructura se derrumbará. Tener personal doméstico, niñeras y mayordomos por doquier tampoco nos quita esta angustia. El personal espera instrucciones, y a las instrucciones las da la madre.
Hace poco la cantante Madonna confesó que le resulta difícil compaginar su vida profesional con su familia. Afirmó que cuando está trabajando siente que descuida a sus hijos y que cuando esta con sus hijos siente que abandona su carrera . ¿ Que madre no siente eso varias veces por día?
Los días son demasiado cortos, las horas se esfuman, y el tiempo no da para todo. La prioridad la tienen los hijos, es cierto… ¿Pero los platos, quién los lava? Entonces una se las ingenia para lavar los platos mientras canta con el bebé. Eso es ser una chica superpoderosa: una madre que se las ingenia para hacer todo, y mantener a todos conformes.


Haciendo malabarismos con el tiempo

En verdad, las madres somos maravillosas. Por eso todo el mundo quiere tener una. Hacemos milagros todos los días. ¿Conflicto insoluble? No: tema mal planteado.
El conflicto de “trabajo o me quedo con los chicos”- , que parece una disyuntiva sin salida- en realidad, no lo es. El empleo materno no es una situación a debatir entre “buen” o “mal”plan. Nadie de nuestra época puede suponer que el hecho de que la madre trabaje sea malo para sus hijos. Y si la mamá trabajando no perjudica a los chicos, ¿cuál es la justificación para que no lo haga?
La noción de que el trabajo y la familia son mundos separados- de que hay que hacer “una cosa u otra” - es una falacia. Hacer ambas cosas es hacer malabares, es cierto. Pero no depende de lo bien que una lo haga una: los mecanismos de mantener la casa en orden y el trabajo al día son más dinámicos y sutiles, y cada una los resuelve a su modo.
Ser una madre que trabaja se parece al parto de tu primer hijo. Una puja horas obedeciendo las órdenes del obstetra, hasta que agotada, grita: “¡No puedo más!”… ¡y justo en ese instante nos muestran al bebé recién salido! Es justo eso lo que nos pasa a las madres: mientras sentimos que no podemos hacerlo…lo estamos haciendo.
Ser esposa, madre y trabajadora no es nada nuevo. Las mujeres siempre trabajaron.
Con este panorama…¿Cómo no vamos a estar desesperadas?
La serie americana “Ama de casas desesperadas” tuvo éxito por mostrar madres desesperadas por ir corriendo a la cama a tener sexo. Es cierto que toda madre quiere ir corriendo a la cama… ¡pero a dormir!
De tanta cosa que hacemos las mujeres, parecemos una especie de robot multifunción de otro planeta,-¿Venus? -con una capacidad increíble de hacer todo al mismo tiempo. Pero lo peor es que los hombres se dan cuenta de esto, y dejan todo en nuestras manos. No nos ayudan, porque nosotras seguimos demostrando que podemos con todo.
Nos cuesta mucho parar la máquina.
Tampoco sabemos pedir ayuda, ni logramos delegar , porque , ¿ quien va a hacer todo mejor que mamá? Eso sí : las madres jamás se aburren
Cada día de la vida es para una madre una aventura asombrosa, porque los niños tiene la increíble capacidad de hacer desvanecer las rutinas. Esto no quiere decir que te aconseje tener hijos en vez de alquilar videos. Lo que quiero decir es que un hijo te puede hacer sentir frustrada, furiosa, agotada...pero jamás aburrida. Y menos, sola. Una puede sentirse sola de joven. Pero siendo madre… ¡adiós, soledad! Es más: empezás a desesperarte pensando “¿Cuando tendré un rato sola?”. La palabra “sola” - que antes te estremecía de terror- …¡ahora te suena a paraíso terrenal!
Trabajar siendo madre es agotador, pero trae ventajas asombrosas. Además de la capacidad de tomar decisiones que te da – podés ir a la peluquería sin pedirle plata a tu marido - , te entrena en capacidades especiales de vos misma, que antes desconocías. Antes de tener hijos, demorabas una hora en concentrarte para escribir un informe. ¡Hasta te dabas el lujo de “tener ganas” de trabajar! Ahora, en cambio, con o sin ganas, sabés concentrarte en tu trabajo en un segundo mientras el nene duerme, para desenchufarte del trabajo cuando el bebé llora y volver a concentrarte a la velocidad del rayo mientras él se entretiene en romper tus revistas o desparramar spaghetti por toda la casa . Después te tocará barrer fideos, ¿pero qué importa, si terminaste tu trabajo?
Las madres que trabajan son magas del tiempo: lo estiran, lo compactan, lo potencian y optimizan de maneras que ni los físicos cuánticos podrían explicar. Pero lo mejor de trabajar fuera de casa es que nos da plata. Tener un trabajo remunerado significa no depender del hombre para sobrevivir, tener independencia, poder de decisión y hacer todos los cursos que quieras sin tener que explicarle a tu marido qué es la reflexología .
Las mujeres que entran en el mercado laboral no suelen soltarlo. Ser una madre que trabaja, pese a que es agotador, te permite disfrutar lo mejor de dos mundos: el laboral (tan lleno de desafíos y satisfacciones) y el de ser una mamá (tan lleno de manchas de puré y besos pegajosos ).
No, no somos víctimas de nada ni de nadie. Nadie nos obliga a nada de lo que hacemos. La verdad es que todo ese maremágnum de tareas lo hacemos porque queremos. Por dos motivos principales: porque nos da satisfacción y orgullo personal saber que podemos con todo – esa hermosa sensación de tener la “misión cumplida” – y porque nos encanta que nuestros amores nos necesiten.
Son muchísimas las cosas que podrían hacer nuestros hijos solos y las acabamos haciendo nosotras, sólo porque queremos hacerlas. Porque nos enternece que nos sigan necesitando, porque nos gusta que cuenten con nosotras, porque queremos que sepan que estamos ahí para ellos y porque nos encanta seguir escuchando ese titulo nobiliario que nos llena de orgullo: “¡Mamaaaaaaá!”
El problema es cuando nos llenamos de culpa. La culpa es la sensación permanente de la madre que trabaja. La culpa te hace pensar “Pobrecito: estuvo solo todo el día, es lógico que se la agarre conmigo” .El problema es que las madres con culpa no saben poner límites. Y si no ponés límites con chicos que miden un metro y están a cincuenta centímetros de vos, ¡Como pretendés ejercer autoridad a larga distancia cuando el mismo pibe mida casi dos metros y entre en plena edada de la rebeldía adolescente?
Bajar los niveles de culpa es la prioridad numero uno de la madre que trabaja. Hay tres motivos principales que llenan de culpa a la madre que trabaja : “No tengo tiempo para disfrutar con mis hijos”, , “Vivo esperando estar con mis hijos, y cuando estoy con ellos, no los soporto” y “ Mi carrera está estancada” . Pero para la madre que trabaja, sentirse culpable es algo nefasto. Primero, porque te quita autoridad ante tus hijos, que entran en crisis porque te ven dudando , justo cuando precisan firmeza.
Segundo, porque la culpa te agota tanto que no te permite rendir bien ni en casa ni en el trabajo. Los hijos deben saber que hay cosas que no les serán dadas. Ellos son más fuertes y más inteligentes de lo que pensamos. Perdonan y olvidan. Perdonan que mamá llegó tarde a buscarlos al jardín… ¡ y olvidan la mochila en el jardín!
Dicen que más vale calidad de tiempo que cantidad de tiempo. Pero - ¡ay!- para que haya calidad de tiempo se necesitan dos cosas: quien quiera darlo y quien quiera recibirlo. A veces vos querés darlo, y tu hijo solo quiere mirar la tele. Nadie dijo que los hijos fueran agradecidos. Por eso, no quieras complacer todos los gustos de tus hijos si no querés criar tiranos. Está bien que los chicos lloren. Les enseña a lidiar con su propia frustración y ayuda a que los pasajeros del tren le den golosinas con tal de que se callen.


Cómo ser una madre superpoderosa ...aunque estés reventada de cansancio




Es desesperante ver todo lo que cuesta mantener una casa limpia, y cuán poco dura la limpieza. En la batalla eterna contra la roña, una nunca gana. Cuando te das cuenta de que por más que limpies, mañana hay que hacerlo todo otra vez, una llega a cierta conclusión: si a nadie le importa que haya cosas tiradas por el piso…¿por qué te tiene que importar a vos? Para no volverte loca con las tareas domésticas, hay que bajar las exigencias. Por ejemplo, a mí no me importa que las camas estén hechas, sino que tengan cubrecamas grandes que tapen lo mal hechas que están.
Vivir en una casa impecable es una quimera. Por eso todo puede estar tan desordenado como sea, siempre y cuando no vengan visitas.
Las mujeres de hoy, samuráis de la vida cotidiana, precisamos calmar el espíritu recordando dos cosas:
1) No hay que angustiarse por pequeñeces.
2) Todo son pequeñeces.
Por esto, a veces, simplemente te conviene aceptar que no te sale ser una buena madre, sino una madre cansada. Hay dos maneras de dejar de intentar ser la Wonderwoman.
Una es copiarte de tu marido.
Mirá a tu marido, ¿cómo hace? ¿Cómo logra ser padre y no tener nunca un ápice de culpa por no estar junto a sus hijos? Tu marido siente el derecho inalienable de tener una carrera y dedicarse a su trabajo y jugar un fútbol con los amigos cuando sale del trabajo. Nadie lo culpa por eso. A tu marido los chicos lo ven solo los fines de semana. ¿Lo quieren menos por eso? Al contrario: lo quieren más, porque nunca está para retarlos.
El segundo truco para no ser la Wonderwoman es tomar conciencia de que todo se solucionaría si fuéramos más capaces de decir “¿Y qué?” como toda respuesta. Veremos que esto le quita dramatismo a las cosas, sin que tengamos que mover un dedo. Por ejemplo:
“Hay una parva de ropa para planchar. ¿Y qué? Se guarda arrugada y que esta sea la “semana de la arruga”.”
“La heladera está vacía. ¿Y qué? Comemos fruta, o hacemos ayuno.”
“Al nene le va mal en la escuela. ¿Y qué? El mundo está lleno de gente exitosa que jamás terminó los estudios.”
“Tengo el pelo a la miseria. ¿Y qué? ¡Mi marido ni siquiera tiene pelo!”
“Me la paso trabajando, arreglando la casa y atendiendo a mis hijos… ¿Y qué? ¡Me encanta sentirme una Wonderwoman!”

Tener hijos es genial. Y cada vez que nos hacen reír con sus ocurrencias, nos asombramos con sus razonamientos y que nos admiramos con sus avances – le pedimos que saquen la basura sólo cuatro veces…¡ y lo hicieron! - , nos felicitamos por haberlos tenido.Como le cuenta Bill Murray a una chica recién casada en la película “Lost in Translation”: “Tener hijos te permite contactarte con las personas más encantadoras que jamás conocerás”.
Relajate. Disfrutá. Acordate que es más importante escuchar lo que tienen tus hijos para contarte que fregar los pisos. Es más valioso sentarte a comer con ellos, que quedarte lavando los platos mientras comen solos.
La maternidad pone tu vida y tu carrera patas arriba, es cierto. Te lleva a descarrilar todos tus planes para el futuro y a querer salir corriendo de las reuniones de negocios para volver casa con tu bebé.
Ser mamá te transforma en otra persona, posterga tus planes y trastoca tus prioridades.
Te atrasa en el trabajo, demora el crecimiento de tu carrera, y te hace sentir vulnerable aunque seas Ministra de Defensa. Pero te hace desear que te duela la panza a vos y no a tu hijo, y te hace sentirte más feliz por un “ Felicitado” que trae de la escuela que porque tu jefe te felicite .
Por eso, ser mamá, aunque sea cansador, es lo único en la vida de lo que jamás te arrepentís. Ser mamá te potencia y te hace sentir una diosa : superpoderosa.

Sólo una mujer sabe lo que es ...


Pasarse la vida entera luchando contra su propio pelo .
Comprarse una blusa que no combina con nada, pero que por el precio... ¡estaba irresistible!Saber de memoria quién se casó, quién se separó y quién dejó la carrera.
Tener una cartera que parece el neceser de la abuela de James Bond , de tantas cosas acumuladas e increíbles que existen dentro de ella.
Hablar de intimidades que los hombres ni siquiera se imaginan.
Ser tratada como una idiota por los mecánicos de un taller.
Fingir naturalidad durante un examen ginecológico
Llorar a moco tendido cuando el padre del Rey León muere, dejando al cachorrito huérfano.
El poder de unos jeans, o de un body de lycra,para sostener la estructura del cuerpo.
Tener crisis conyugales, crisis existenciales,crisis de identidad,¡crisis de nervios!
Ser madre soltera, madre casada, madre separada y... madre del marido.
Ver un partido de fútbol (sólo para hacerle compañía al novio).
Lavar la medibacha en la ducha. Y después colgarla en el toallero (para horror del sexo masculino).
Comerse una caja entera de bombones porque se peleó con su novio, pasarla mal, y todavía quedar destruida porque se salió de la dieta.
Escuchar que... "mujer al volante, peligro constante", y descubrir por tu compañía de seguros que si les garantizas que sólo una mujer está harña al volante , te bajan la cuota del seguro , porque está probado que tenemos menos accidentes automovilísticos.
Lo que se siente rasgarse las medias en la entrada de una fiesta.
Sentirse lista para conquistar el mundo, cuando se está usando un lápiz labial nuevo.
Sentirte una bomba sensual porque te cortaste las puntas del pelo.
Sentirse realmente infeliz, porque no se tiene una ropa linda ( digamos, nueva) para salir (aunque tenga el armario repleto!).
Llorar ante el espejo del baño para ver en cuál ángulo lloramos más convincentemente.
Descubrir que el mundo se acaba.. y después descubrir que no era nada más que síndrome pre-menstrual. ( ver http://siemprelibreconalas.blogspot.com/)
Colocarse una faja apretada para disimular la panza.
Pasarse un verano entero usando mangas largas porque nos convencimos de que tenemos barzos gordos .
Bailar, cantar y caminar en el séptimo cielo... sólo porque "él" llamó o escribió.
No bañarse por si él justo llama .
Pelearse, sólo para hacer después las paces.
Decir no, para que él insista bastante, y después decir... ¡sí!
Quedarse esperando al marido en la cama, cuando él está leyendo su página deportiva...
Acostarse en la cama en una posición sexuy esperando que nuestro marido la detecte en cuando termine de leer el libro de 500 paginas que esta leyendo antes de apagar la luz .
Sonreír gentilmente a un cliente mientras sentis un retorcijón estomacal que te está matando .
El milagroso poder curativo de... un beso..., ungesto..., y una palabra dulce.
Ser santa, filósofa, maestra, médico, psicóloga, redentora,administradora, cocinera, encargada de mantenimiento, organizadora, árbitro... y, encima, ¡pulpo!, antes de empezar a pensar en ella misma.
Pasar más tiempo con tu gato cuando estás mal con tu pareja ( ver http://divinosgatos.blogspot.com/)
Llorar, extasiada de felicidad, y... reír, colmada de furia...
Amar al marido y soñar conque venga otro a rescatarnos de él .
Ser feliz porque por fin decidimos que ese billete, por fin lo vamos a gastar en ...¡ nosotras mismas!

Eternamente ocupadas




Ser madre es ser una mujer que trabaja. Que trabaja sin respiro
, sin recesos ni vacaciones, de sol a sol, de luna a luna.
Trabajes o no trabajes fuera de casa, si sos mamá, la vida es una sucesión de cosas que espera que vos las hagas.
Por eso, tal ve la mejor definición de una mamá es la de alguien que todo el tiempo está haciendo algo.
Muchas mamás aún nos sorprendemos de que ciertas personas que nos llaman por teléfono te digan “¿Te interrumpí? ¿Estás ocupada?”. ¿ Cómo explicarles que una mamá está SIEMPRE ocupada? ¿Cómo explicarles que no interrumpieron, que simplemente estás revolviendo el guiso mientras levantás la mesa del desayuno antes de salir a buscarlos al jardín? ¿O que estás colgando la ropa y pelando zanahorias antes de llevarlos al pediatra? ¿O que acabás de volver de la farmacia y los estás bañando , mientras vigilás que el arroz no se pase y que ellos no inunden todo? ¿ No será muy abrumador para el amable albañil que sólo quería saber a qué hora pasar a ver el caño roto en la cocina?
Una madre, per se, es una laburante .
Pero si a esta tarea cotidiana de velar por la familia le sumamos la de traer un sueldo a la casa, la cosa se complica aún más.
En nuestro país, los hogares a cargo de mujeres crecieron un 44% en los últimos diez años. Entre la gente que trabaja, más de la mitad son mujeres. Y entre todas las madres, más de la mitad trabaja.
A veces, el hecho de trabajar fuera de casa es más aliviado que la vida de la mamá en casa las 24 horas. La madre que no sale de casa no tiene ni el respiro de tener un rato para pensar sola durante el viaje al trabajo. Para una madre de tiempo completo, el desafío cotidiano es mantener la casa en orden mientras manitos infantiles demandan su atención tirándole de la ropa diciendo “mirá; mamá” cada dos segundos.
Ambos tipos de madres (las que trabajan en un empleo remunerado y las que se dedican a cuidar el hogar), por más que se deslomen en su tatrea de madre, se debaten pensando si están haciendo las cosas bien. Y conviven con la sospecha de que si no están dejando de lado la casa, están dejando de lado el trabajo, y si están al día con ambas cosas, están descuidando a sus hijos.
Por más que sepamos que nadie puede hacer todo bien todo el tiempo, la exigencia autoimpuesta es enorme. Sentimos que todo el bienestar de la familia depende de nosotras y que si descuidamos un sólo aspecto, toda la estructura se derrumbará.
Tener personal doméstico, niñeras y mayordomos por doquier tampoco nos quita esta angustia. El personal espera instrucciones, y a las instrucciones las da la madre.
Nadie duda de que la cantante pop Madonna debe tener un séquito de personal doméstico que la ayuda con la atención a sus hijos Lourdes y Rocco. Y sin embargo, ni siquiera Madonna es feliz con su condición.



Todas somos Madonna


El Síndrome Madonna: Bailando entre el trabajo en la casa
Como Madonna, un dñia nos sentios igualita a la homeless que alimenta palomas y arrastra el carrito de supermercado con sus trapos sucios, y otro día nos sentimos una diva total ... repartidas y oartidas entre dos mudnos : esa es la ezquizofrénica vida de la mujer que trabaja y del ama de casa , dos en uno , o dos por el precio de una , para el bolsillo del caballero ....
Hace poco la diva pop confesó que le resulta difícil compaginar su vida profesional con su familia. Afirmó que ello a menudo le produce un desgarro, que lucha tratando de encontrar un punto de equilibrio entre ambos mundos, y que muchas veces se encuentra diciéndose “Eres un desastre como madre”, sintiendo terribles ganas de ir corriendo a su casa a acostar a sus hijos. “Pero cuando paso mucho tiempo con ellos pienso: Dios mío, solo quiero ser artista”, confesó la cantante. Y eso la hace sentir que está desperdiciando su valiosa capacidad de trabajar horas extraordinarias en discutir con su hijito sobre por qué él debe comer verdura y no golosinas. Ese es el dilema de la mujer actual: si no está con los chicos se siente culpable, si está junto a los chicos se siente desperdiciada.
La mamá que oficia de ama de casa sin empleo remunerado sufre la misma culpa, pero en casa. Los nenes quieren que los escuches, que juegues con ellos, que les leas un librito, que dibujes con ellos. Eso es lo que una más quisiera poder hacer. Después de todo, para eso tuvo hijo: para disfrutarlos, compartir con ellos los juegos, para entretenerlos, enseñarles, hacerlos reír…Pero los días son demasiado cortos, las horas se esfuman, y el tiempo no da para todo. Tenemos que elegir: O hacemos las camas y pasamos un trapo por los pisos, o nos sentamos a modelar plastilina con el nene. Pocas madres son capaces de jugar con el nene teniendo las camas deshechas. Y cuando terminamos con la limpieza, ya es la hora de preparar el almuerzo.
Supongamos que tu bebé termina de almorzar y quiere que le hagas una torre de cubos para que él la tire de un manotazo alegre. ¿Cómo le vas a decir que no? Y sin embargo…mirás la torre de platos del almuerzo y sabes que sería mejor bajar esa torre que levantar la de cubos. Entonces tenés que decirle “ahora no, porque mami tiene que lavar los platos”. El se enoja. Y vos te sentís una mala madre. La prioridad la tienen los hijos, es cierto… ¿Pero los platos, quién los lava? Entonces una se las ingenia para lavar los platos mientras canta con el bebé, o para entrenerlo enseñandole los colores de las tazas que va sacando de la espuma detergente, o mostrándoles como hacer pompas de detergente con la bombilla del mate.
Eso es ser una chica superpoderosa: una madre que se las ingenia para hacer todo, y mantener a todos conformes.
En verdad , las madres somos maravillosas. Por eso todo el mundo quiere tener una . Hacemos milagros todos los días.

La madre que trabaja fuera de casa, encima, debe unir dos aspectos de la vida radicalmente distintos: el de mamá y el de empleada.Las madres de oficina tienen su computadora tapadas de fotos de sus bebés y dibujos hechos por sus chicos, ocupan el teléfono culposamente para saber cómo anda todo en casa y para concertar citas con el pediatra. Y llevan trabajo de oficina atrasado a casa, para ver en qué momento pueden avanzar con eso antes de quedarse dormidas.
Sabemos que la popular Madonna buscó mil maneras de unir los dos mundos, hasta haciendo cursos de Cábala. Descubrió que tampoco tiene tiempo para hacer el curso de Cábala, y terminó abandonando el curso.
Aunque ninguna de nosotras tiene que preparar shows que entusiasmen a cien mil personas, todas sentimos lo mismo que Madonna. En verdad, nos sentimos un poco peor que ella, porque ella vive en una mansión y gana discos de oro. Pese a estas diferencias, la sensación es la misma: “Si salgo a trabajar abandono a mis hijos, y si me quedo en casa, abandono el trabajo.” Tupac Amaru en el momento de su descuartizamiento se sentía mejor que una madre que trabaja.
¿Conflicto insoluble? No: tema mal planteado.
El conflicto de “trabajo o me quedo con los chicos”- , que parece una disyuntiva sin salida- en realidad, no lo es. El empleo materno no es una situación a debatir entre “buen” o “mal”plan. Nadie de nuestra época puede suponer que el hecho de que la madre trabaje sea malo para sus hijos. Y si la mamá trabajando no perjudica a los chicos, ¿cuál es la justificación para que no lo haga?
Las madres que se quedan en casa dicen estar en casa fue mejor para sus hijos, y tienen razón. Las que trabajan dicen que su trabajo benefició a sus hijos, y también tienen razón. Es como comparar churrascos con medialunas: dos cosas distintas para dos gustos distintos y momentos distintos.
La noción de que el trabajo y la familia son mundos separados- de que hay que hacer “una cosa u otra” - es una falacia. Hacer ambas cosas es hacer malabares, es cierto. Pero la teoría de los platillos de la balanza- “si pongo mucho en una cosa, me queda poco en la otra” - acá no cuenta. No depende de lo bien que una lo haga una: los mecanismos de mantener la casa en orden y el trabajo al día son más dinámicos y sutiles, y cada una los resuelve a su modo.
Como dice una amiga que compara la maternidad con la hábil capacidad de hacer malabarismo: “A veces tenés todas las bolas en el aire, y otras veces tenés las bolas por el suelo”.
Este es el tema central de la vida de una mujer : averiguar cómo compatibilizar esos dos mundos- el de los deberes impostergables y el de la atención a la familia- y tomarnos una rato para un baño darnos un baño de inmersion a la luz de una vela aromática. ¿Ciencia ficción? Naaaa…Sólo un poco de organización. Adelantás todos los relojes, les decís a los chicos que a las siete son las diez, los acostás un poco antes y sacás de la bañera todos los patitos de goma , el sonajero, la pelota …¡y el celular que no encontrabas! - antes de llenarla con baño de espuma aroma a rosas. La vida no será color de rosa pero un frasquito de su aroma te cuesta cinco pesos y te llena de placer.

Mujeres al borde del ataque de sueño




Suena el despertador, como cada mañana, a las seis y cuarto en punto.
No, no tenés que levantarte tan temprano para ir a trabajar. Tenés que levantar a tu hijo para que vaya a la escuela. No sabés muy bien para qué, porque ya sabe leer, escribir, sumar, restar, dividir y multiplicar. Pero tiene que ir. Aunque sea, para estar en algún lugar vigilado mientras vos trabajás. Además, sin la primaria terminada, no va a conseguir trabajo ni como repartidor de pizza. ¿O sí? Medio dormida, apuntás mentalmente: “Averiguar qué trabajo se consigue sin la primaria completa” ¿Paseador de perros?¿ Limpiador de inodoros?
“Mejor que vaya al cole”, pensás.
Ya hace veinte años que terminaste la escuela. En tu trabajo actual alcanza con que abras los ojos a las ocho, te vistas en cinco minutos, te maquilles en el tren y desayunes en la oficina. Pero si no te levantás vos, en tu casa nadie termina su educación. Sabrán leer, pero - ¡horror! – jamás sabrán qué pasó en la Era Precámbrica, qué es un diptongo, ni cómo vivían los antiguos griegos.
Pasarlos a turno tarde tampoco sirve: se levantan para almorzar, y nunca se acostumbran a madrugar. La que se acostumbra sos vos, que hasta los domingos te despertás a las seis y cuarto.
Esperar a que crezcan para despertarse solos tampoco resuelve mucho. Los chicos que asisten a la escuela secundaria no escuchan los despertadores.
Intentás sobornos- “¡Chicos, hay panqueques para el desayuno!”- , amenazas- “Si no se levantan, les tiro un balde agua” – , sin resultado.
No sé si fue Newton o su esposa la que descubrió la Ley de la Inercia, esa que dice que todo hijo acostado se niega a pararse y todo hijo parado se niega a acostarse, pero en cada casa del mundo, millones de mujeres son las primeras en levantarse y las últimas en acostarse.
Sabemos que si no nos levantamos nosotras, nadie arranca. Somos como el sistema de ignición del motor de la familia.
Todo esto redunda en una sola cosa: el día recién comienza, y vos ya te estás cayendo a pedazos. Y todavía te falta pasar ocho horas en la oficina, o doce horas trabajando en casa, teniendo todo limpio, ordenado, haciendo las compras y cocinando para todos….¡ Noooo!

Amas de casa desesperadas


Ser una madre que trabaja se parece al parto de tu primer hijo. Una puja horas obedeciendo las órdenes del obstetra, hasta que agotada, grita: “¡No puedo más!”… ¡y justo en ese instante nos muestran al bebé recién salido! Es justo eso lo que nos pasa a las madres: mientras sentimos que no podemos hacerlo…lo estamos haciendo.
Ser esposa, madre y trabajadora no es nada nuevo. Las mujeres siempre trabajaron. Ya fuera en trabajos formales o en changas, como médicas o como lavanderas, como abogadas o vendiendo velas artesanales que hace en el garage, toda mujer en algún momento de su vida intentó ganarse unos pesitos para parar la olla o para sus propios gastos.
Tampoco es novedad que hay muchos varones que se hacen cargo personalmente de casa e hijos, y cumplen ellos mismos esta agotadora doble jornada. Pero siguen siendo más las mujeres que sienten que casa e hijos son su exclusiva responsabilidad, por más que además tengan empleos de tiempo completo.
Un informe de 1986 de ILET sobre la Mujer, de la República Dominicana٭, publica una lista de 198 tareas cotidianas que debe hacer un ama de casa. Una lo lee hoy, y ese listado correspondería al de una mujer que está de vacaciones en un resort cinco estrellas de Punta Cana. Menciona muchas cosas que aunque parecen simples no lo son.
La tarea número 9 , por ejemplo , es “Recoger cosas tiradas”. La mayoría de las casas está habitada por gente que cree que el lugar donde se guardan las cosas es el piso. La única persona que no soporta verlas ahí, sos vos.
Yo amplié ese listado para ajustarlo a las labores reales de una mujer actual, y llegué - solamente en tareas cotidianas básicas - a la friolera de 402 trabajitos mínimos que tiene que hacer cualquier mujer todos los días para que la casa funcione, suponiendo que tenga hijos sanos, no tenga ancianos a cargo, y que no se rompa un caño en el baño.
No voy a reproducir el listado aquí porque se iría el libro en eso, pero daré algunos ejemplos de las tareas femeninas agregadas con al modernidad. Es que a más poder adquisitivo, más cosas en la casa y más trabajo con las cosas. Por ejemplo, la tarea 326 es “Limpiar el horno a microondas”. Hay que limpiarlo porque si acumula grasa se descompone. También hay que mandarlo al service cuando los chicos olvidaron una cuchara en su interior. Y acordarse de ir a buscarlo al service. Otras tres tareas necesarias para tener con qué calentarse un café que nos permita estar despierta…¡para limpiar el microondas!.
La tarea 377 es “Cargar los celulares”. Porque cuando esperás que tu hijo llegue a mediodía, él vuelve a medianoche diciendo “El celu se quedó sin batería”. Pobre santo, si sólo tiene 17 años,¿cómo va a saber que existen los teléfonos públicos?
La 383 dice “Chequear cómo anda el auto”. Definitivamente, un auto no ayuda a las madres. Si es de tu marido, le tenés que pedir de rodillas que te lo preste. Si es tuyo, tenés que arrodillarte a ver qué es eso que le gotea debajo del motor. Y luego, arrodillarte ante el mecánico para que no te mate con el precio del arreglo. O sea, una mujer con auto vive de rodillas, rezando para que no se rompa justo cuando llevás a tu hijo al médico o la profe particular de matemáticas (que tiene menos turnos que el médico) .
La tarea femenina 402 sugiere: “Pedir al marido que te dé una mano”. Una siempre espera que el marido dé una mano. En realidad, no espera una mano, sino ser reemplazada por el marido. Mejor aún: ¡que él sea la madre! Pero una sigue esperando que por lo menos ayude. Aunque “ayudar” no significa “hacerse cargo” de que la tarea esté acabada. Claro que hay padres que los bañan, pero jamás recuerdan cortarles las uñas ni darles el medicamento a la hora que les toca. O sea que una no se salva de verificar que lo que deba hacerse, sea hecho.
Tener una empleada doméstica tampoco te salva.
Entrenarlas en hacer las cosas a tu modo y que no laven los platos con champú anticaspa lleva casi tanto tiempo como que las hagas vos misma. Y todavía no figuran las otras trescientas cosas que tiene que hacer en el trabajo.
Con este panorama…¿Cómo no vamos a estar desesperadas?
La serie americana “Ama de casas desesperadas” tuvo éxito por mostrar madres desesperadas por ir corriendo a la cama a tener sexo.
Es cierto que toda madre quiere ir corriendo a la cama… ¡pero a dormir!

٭ “Mujer, madre y divorciada”, de Mirta Videla, Edit Besana, Bs As , 1986

Desbordadas




Si nunca pasara nada en casa y nuestras vidas corrieran con absoluta placidez, ser una madre que trabaja no sería ningún problema. Pero toda madre sabe que los lapsos en casa sin sobresaltos son momentos de beatitud para atesorar, porque duran muy poco.
Por ejemplo, nunca sucede que un chico tiene fiebre a la noche y a la mañana ya está bien. A la mañana está peor: le duele el pecho y la cabeza , y no quiere comer . ¿Quien mejor que mami para cuidarlo? Pero mami no puede dejar de hacer las cosas de la casa, o faltar al trabajo. Y te vas a trabajar llena de angustia, calculando llevar a tu hijo al médico cuando vuelvas del trabajo. Pero en el trabajo la que se siente para el diablo sos vos, sabiendo que tu hijo se siente mal. Para colmo, las fiebres no vienen de a una por vez : un hijo enfermo significa una familia entera enferma . Es como que los virus practican en el cuerpo de un hijo, para hacerse más fuertes en el cuerpo del hijo siguiente. En 24 horas tenés dos hijos con fiebre en vez de uno. Al tercer día , tu casa parece un hospital : toses, nebulizadores , pañuelos de papel por todos lados , frascos de jarabes, cajas de antibióticos …¡ y faltan siglos para el fin de semana!
A uno le tenés que dar un comprimido cada 12 horas , el otro toma una cucharada de jarabe cada 6 horas , y el otro toma medio comprimido cada ocho horas. ¿Viste que los comprimidos que vienen con una ranura al medio para partirlos, nunca se parten al medio, sino en cinco trocitos irregulares? Entonces a uno de los nenes le tenés que armar medio comprimido con dos trocitos y un cuarto. El menor no traga pastillas enteras y a la nena no le gusta el sabor del jarabe. ¿Quien le va a dar los remedios? ¿La señora que limpia? Vos te pasás la mañana entera en la oficina en estado catatónico mirando el salvapantallas con la foto de tus hijos sanos, recordando esos bellos tiempos sin toses ni mocos, mientras vigilás el reloj para llamar a casa en medio de una reunión de trabajo avisando que ya es la hora de que el nene tome los pedacitos de comprimido ( que es horrible) con azúcar…¡Pero la señora que los cuida te dice que el azúcar no mejora el sabor del remedio, sino que el remedio estropea el gusto del azúcar!
Después de treinta llamados clandestinos desde la oficina buscando turno con un pediatra que te atienda en un horario en el que no debas escaparte de la oficina para llevar al nene, te das cuenta de quien necesita un médico para tu dolor de panza de tantos nervios sos vos. Andá y hacete un té de tilo antes de que tu jefe se entere que estás físicamente en la oficina pero tu alma se fue a casa y se quedó allá . De eso también son capaces las madres , de hacer viajes astrales para estar con los hijos que se sienten mal .

- Ma: esta tarde me dolía todo .
- Sí, ya sabía .
- ¡Pero si yo no te lo conté!
- No importa, yo ya sabía .

¿ Tenemos la bola de cristal? No: transmigramos nuestra alma al cuerpo del nene enfermo.
De todos modos, toda gripe se cura en diez laaaargos días, y hasta la próxima, todo se habrá olvidado. Por suerte también se olvidan de tu cara los pediatras de guardia que repiten “señora, no lo traiga siempre a la guardia , llévelo al pediatra de cabecera” . ¿Ah, sí? ¿A las diez de la noche, con un nene con 40 de fiebre? ¿Al pediatra que te da turno para el mes que viene, y donde te tocan dos horas de espera en una sala llena de nenes mocosos? El único pediatra de cabecera que precisa una madre es un pediatra que esté sentado en la cabecera de la cama del nene, no el que te da un celular que siempre tiene una grabación de contestador telefónico.
Situaciones como estas prueban las agallas de toda madre en momentos de crisis.

Situación límite


Si las situaciones desesperantes no aparecen solas, las trae el jardín o la escuela.
Como cuando a tu nena que va a Sala Rosa le toca hacer de dama antigua el 25 de Mayo, pero no quiere hacerlo. Tenés que ponerle miriñaque a una miniatura de tres años que quiere disfrazarse de hada o de princesa, no de dama antigua. Tampoco quiere saber nada con peinetones en la cabeza, porque las princesas no usan peinetones.
No te queda más remedio que llegar tarde al trabajo luego de depositarla en el jardín luego de que la convertiste de que se vista de “hada antigua”- con un disfraz improvisado con una pollera vieja, una blusa arremangada y varios pañuelos,- tapada con toneladas de maquillaje para acallar sus quejas.
¿Fin de los problemas con el jardín?
No, el problema empieza a la salida del jardín: “Mami, ¿hoy puedo invitar a Rocío a casa?”
Esa frase es fatal. Vos no sabés si Rocío es tan suave y dulce como su nombre lo indica, o si es una minipunk que se va a divertir saltando sobre tus sillones y cabalgando sobre tu perro. Si ese mismo día tu hijito invita a sus amigotes Tobías y Manuel, ya sabés que aunque Rocío sea una dulce mujercita, Tobías y Manuel junto con tu hijo son capaces de convertir tu casa en una sucursal de Bagdad bombardeada mezcla con huracán del Caribe.
¿Como controlar a tantos niños sin una madre vigilante?
Queremos que tengan su vida social, nos encanta que se animen a invitar chicos… ¡pero mamá no está para avisarles que no pueden apilar tres sillas para acceder a la alacena de las galletitas! Si decimos “no inviten a nadie”, les coartamos su vida social. Pero si decimos siempre que sí… ¿Quién los controla?
Llegás a la tarde a casa agotada, para enterarte de que por suerte no pasó nada grave. Tobías perdió las pilas recargables de tu cámara digital, Manuel rompió una cuerda de la guitarra de tu marido, tu hijo tiró por el balcón la lapicera favorita de tu marido y Rocío – la amiguita de tu hija - se dedicó a bailar un patriótico malambo sobre galletitas Oreo pisoteadas sobre la alfombra…Pero están todos vivos, y por suerte en cinco minutos más, los respectivos padres pasarán a buscarlos a todos. Bueno… ya hace una hora y media que dijeron eso.
Es que para las otras madres tampoco hay nada mejor en la vida que saber que sus hijos están cuidados por otra madre. Equivale a unas minivacaciones de dos o tres horitas. ¡ Pero qué buena idea!

- Lucas …¿ No tenés algún amiguito que te invite a su casa a un piyama party que dure dos o tres días, mi amor?


Por fin llega el descanso

Una madre nunca llega a casa a relajarse, sino a ponerla en orden.
Si no trabajás afuera , te tocó reunión de padres , barrer los pisos, pelar papas , hacer la comida , lavar todo, llevar a a la nena a danzas y a los chicos a fútbol, volver a acomodar la ropa seca, planchar un poco, salir a buscarlos, llevarlos al dentista, hacer la cena .,..¡no das más!
Cuando creías que ya habías terminado con tu jornada y metés a los chicos en la cama, tu hijo te dice “Casi me olvido : mañana tengo que llevar a la escuela una torta con forma de volcán para la clase de Geografía” Pensás que es chiste , o que tu hijo entendió mal . Pero no: la maestra pidió que formen grupos de a cuatro y que cada grupo lleve una torta con forma de volcán relleno de lava para explicar cómo estalla la corteza terrestre…¡o como estalla una madre agotada!
No podés decirle a tu hijo “te jorobás, me lo hubieras dicho antes” . El te explica que se peleó con los de su grupo porque lo cargaban por sus anteojos, por eso debe hacer la torta solo. Mejor dicho, mamá sola tendrá que esperar que el bizcochuelo se enfríe para darle forma de volcán relleno de lava de dulce de leche. El volcán queda como un chichón, pero así salen los volcanes nocturnos hechos con muchísimo sueño.
Ya es medianoche. Desde las diez estás tratando de meter a los chicos en la cama. Ya les apagaste tres veces la luz, y ellos siguen dando vueltas. Tu marido te dice: “¿Venís a la cama?” y vos le decís, “ Sí . Guardo todo en la heladera y ya voy”. Pero ya que estás en la cocina, ponés los platos en la pileta. Y cargás el lavarropas para mañana. Ves una mochila en el piso. La levantás y se caen tres cosas por un agujero. Cosés el agujero. Firmás el cuaderno de comunicados. Tu hija de tres años te llama desde su cama a los gritos, para decirte que acaba de recordar que mañana tiene llevar al jardín piedras y arena, vaya a saberse para qué. ¿Querrán construir un anexo? Y vos te vas a dormir con la extraña sensación de tener que asaltar la obra en construcción de la esquina para cumplir con los requisitos de la enseñanza primaria.
Tu marido insiste: “¿Y? ¿Venís a la cama?”.
“Sí, pará que busco cambio para pagar el micro de la escuela”, le decís.
Levantás unos calzoncillos del suelo. Regás las plantas. Cerrás la bolsa de la basura que nadie sacó. Ponés los trapos de piso en agua con lavandina.
Te lavás los dientes, mientras levantás ropa y toallas tiradas por el piso.
Exhausta, a la hora que hasta los ladrones y las brujas se quedan dormidos, entrás a tu cuarto a los tumbos, porque tu marido apagó la luz, y ya está roncando. Caés rendida en la cama, pensando que por fin el día terminó,
Pero ves un resplandor en el cuarto de tu hija de ocho años. Y vas a apagarle la luz, porque ella sigue leyendo…un libro de cuentos. Querés matarla. Pero optás por respirar hondo y preguntarle por qué lee cuando ya debería estar durmiendo desde hace tres horas. Y ella agita sus pestañitas y te dice “Leo porque ya no me contás cuentos antes de dormir, como cuando era chiquita”. Se te estruja el corazón. Te sentís una porquería de madre, una cruza de Cruella de Vil con la madrastra de Cenicienta.
Te sentás a su lado, la abrazás, la arropás y le contás un cuento cortito, porque ya no hay tiempo para más. Ella cierra los ojos, sonriendo. Le apagás la luz y te vas a la cama.
Pero no podés dormir, del acelere, y prendés la tele bajito, a la una y media de la mañana, para ver cualquier cosa.
Porque vos también querés que alguien te cuente un cuento antes de dormir.
Aunque te queden sólo cinco horas de descanso por delante.
Por suerte, ya vienen las vacaciones y se termina todo este rollo de la escuela, el jardín, los disfraces, las piedras y las tortas volcánicas…¡ Qué alivio! ¿Alivio? A los chicos les dan vacaciones, pero a vos no. Ellos no quieren ir a la colonia porque no les gusta ni el lugar, ni el profesor, ni ir hasta allá. O sea que las vacaciones son un largo período de chicos aburridos en tu casa, o de casa de amigo a casa de amigo, peleándose en cada casa, llamándote cada cinco minutos para que retes al hermano que le pegó, le sacó un juguete o le sacó la lengua, ensuciando todo lo que encuentran hasta que vos llegues a casa…a limpiar.
Así es la maternidad.
¿ Habrá alguna manera de simplificarla?

No es fácil ser mujer






"Cada vez que interpreto a una mujer pienso en lo que arden las medias, lo que duelen los tacos y en el rouge", detalló el actor argentino Fernando Peña que cada tanto hace equilibrio sobre un par de tacones. " Lo que toda mujer quisiera que u homvre sintiera al menos una vez en su vida" , dice el titulo de un video de You Tube de la seria Lalola , donde ella ( en verdad él) siente en carne propia los dolores menstruales y entra en pánico al verse sangrando .



No, no es fácil ser mujer, y para colmo lleva mucho tiempo.



No es justo que los hombres anden mostrando canas y panzas , cuando nosostras tenmos que teñirnos y estar a dieta e ir al gimnasio. Ellos estan bien mientras lleven pantalones. Nosotras tenemso que andar con medias largas y tacos altos.



No es para nada fácil ser mujer. Pero a veces es bastante más divertido. Si te deprimís, con que te pintes las uñas y te cambies el color de pelo, ya te cambia el estado de ánimo.



Las mujeres sabemos hacer de todo

Un poco por obligación moral, un poco por copiarnos de mamá, la tía y la abuela, un poco por masoquistas y otro poco porque nos gusta, lo que veo en las mujeres de hoy es que hacemos cualquier cosa.
Nos han impuesto la tera de cuidar de la casa y los chicos, y lo hacemos con gusto - entre toneladas de frustración , claro - pero lo mejor que podemos, día a día .
He recorrido muchos hogares y muchos países y la que sale a trabajar afuera lo hace tratando de mostrarse lo más profesional que puede.
Cuando me invitan a algun evento internacional, las coordinadoras de que todo slaga bien son siempre mujeres . De ellas depende que los ecventos, conferencias y congresos no fallen en nada .
Conozco muchos empresarios que cada vez emplean a más mujeres a sabiendas que ellas no vana l tranajao a " hacer tiempo" , son más prudentes y menso holgazanas que los hombres, y además buscan un ascenso.
La misma que trabjó 8 horas afuera, llega a casa y atiende s los chicos, les revisa las tareas escolares y cierra heridas consuela a todos y zurce las medias. Y además , todas tienen algun estudio, curso, o actividada estra para mejorarse como personas : gimnadsia, I Ching, eneagrama, neurolingüística o Pilates : todo vale para ser mejores seres humanos por dentro y por fuera .
Pero además de esto, todas hacen algo creativo con sus manos : la que no pinta, borda , teje o redecora su casa , repara muebles o cultiva un jardín . Y la que no hace eso cocina con curiosidad y ensaya nuevas recetas con ahínco.
Sinceramente, no sé como se las arreglan para hacerlo todo, y hacerlo bien. Las mujeres siempre me dejan con la boca abierta de admiración , extrayendo cada segundo de cada día para hacerlo rendir al máximo . Son superpoderosas de verdad.

Maridos distraídos


De tanta cosa que hacemos las mujeres, parecemos una especie de robot multifunción de otro planeta,-¿Venus? -con una capacidad increíble de hacer todo al mismo tiempo. Pero lo peor es que los hombres se dan cuenta de esto, y dejan todo en nuestras manos. No nos ayudan, porque nosotras seguimos demostrando que podemos con todo.
Hay veces que llego a casa y me hablan cuatro personas a la vez. Un día los paré y les dije “Momentito… ¿ustedes creen que puedo escuchar cuatro conversaciones al mismo tiempo y entender a todo?”. Me miraron asombrados y me respondieron al unísono: “Claro que sí… ¡ Si siempre lo hacés!”. Y tenían razón. Había escuchado a todos y cada uno, aunque me hablaran a coro. Cuando la familia nos detecta esos poderes paranormales, nos pide que los usemos.
Cuando un marido se da cuenta de que nos exigió mucho, tal vez nos diga “Vos sentate, que la cena la hago yo”. Una se emociona hasta las lágrimas ante tal acto de arrojo. Después, él se pasa media hora preguntando: “¿Dónde está el pelapapas?” “¿No viste el abrelatas?” “¿Dónde hay orégano?”, “¿Queda manteca?”, hasta que una se harta, lo echa de la cocina y termina haciendo la cena sola., como siempre.
Nos cuesta mucho parar la máquina.
Tampoco sabemos pedir ayuda.
Sólo cuando las fuerzas nos abandonan decidimos hacer algo por nuestra salud.
Entonces nos anotamos en un gimnasio para tener más fuerza y tonicidad. Pero nos contracturamos las cervicales. Doloridas, vamos al traumatólogo, que nos manda a un clínico porque nos ve cansadas.
Vamos al clínico, y el tipo nos da hierro. Pero el hierro nos da diarrea. Entonces vamos al endocrinólogo, que nos da hormonas. Pero terminamos histéricas por el acelere hormonal.
Entonces vamos al psiquiatra y nos receta ansiolíticos. ¡Noooo! ¿Cómo vamos a tomar un ansiolítico? ¿Y quién hace la cena y cuelga la ropa? Harta de médicos, buscamos una terapia alternativa, como las Flores de Bach. Me dijeron que para el agotamiento hay que tomar Olive. Pero luego supe que una persona agotada que toma Olive, se exige más en vez de descansar. ¿Descansar , una madre? ¿Y quién hace las cosas?
La mayoría de los hombres, en vez de darnos una mano, se toman el olivo. O nos preguntan, solícitos, “¿En qué te ayudo?” . Y dan ganas de responderles: “¡En darte cuenta de qué es lo que hay que hacer sin que te lo tenga que decir!” Pero no se lo decimos. Entonces asumimos la frase que nos condena: “Si no lo hago yo, no lo hace nadie”

Ir a trabajar con un nene enfermo


Si nunca pasara nada en casa y nuestras vidas corrieran con absoluta placidez, ser una madre que trabaja no sería ningún problema. Pero toda madre sabe que los lapsos en casa sin sobresaltos son momentos de beatitud para atesorar, porque duran muy poco.
Por ejemplo, nunca sucede que un chico tiene fiebre a la noche y a la mañana ya está bien. A la mañana está peor: le duele el pecho y la cabeza , y no quiere comer . ¿Quien mejor que mami para cuidarlo? Pero mami no puede dejar de hacer las cosas de la casa, o faltar al trabajo. Y te vas a trabajar llena de angustia, calculando llevar a tu hijo al médico cuando vuelvas del trabajo. Pero en el trabajo la que se siente para el diablo sos vos, sabiendo que tu hijo se siente mal. Para colmo, las fiebres no vienen de a una por vez : un hijo enfermo significa una familia entera enferma . Es como que los virus practican en el cuerpo de un hijo, para hacerse más fuertes en el cuerpo del hijo siguiente. En 24 horas tenés dos hijos con fiebre en vez de uno. Al tercer día , tu casa parece un hospital : toses, nebulizadores , pañuelos de papel por todos lados , frascos de jarabes, cajas de antibióticos …¡ y faltan siglos para el fin de semana!
A uno le tenés que dar un comprimido cada 12 horas , el otro toma una cucharada de jarabe cada 6 horas , y el otro toma medio comprimido cada ocho horas. ¿Viste que los comprimidos que vienen con una ranura al medio para partirlos, nunca se parten al medio, sino en cinco trocitos irregulares? Entonces a uno de los nenes le tenés que armar medio comprimido con dos trocitos y un cuarto. El menor no traga pastillas enteras y a la nena no le gusta el sabor del jarabe. ¿Quien le va a dar los remedios? ¿La señora que limpia? Vos te pasás la mañana entera en la oficina en estado catatónico mirando el salvapantallas con la foto de tus hijos sanos, recordando esos bellos tiempos sin toses ni mocos, mientras vigilás el reloj para llamar a casa en medio de una reunión de trabajo avisando que ya es la hora de que el nene tome los pedacitos de comprimido ( que es horrible) con azúcar…¡Pero la señora que los cuida te dice que el azúcar no mejora el sabor del remedio, sino que el remedio estropea el gusto del azúcar!
Después de treinta llamados clandestinos desde la oficina buscando turno con un pediatra que te atienda en un horario en el que no debas escaparte de la oficina para llevar al nene, te das cuenta de quien necesita un médico para tu dolor de panza de tantos nervios sos vos. Andá y hacete un té de tilo antes de que tu jefe se entere que estás físicamente en la oficina pero tu alma se fue a casa y se quedó allá . De eso también son capaces las madres , de hacer viajes astrales para estar con los hijos que se sienten mal .

- Ma: esta tarde me dolía todo .
- Sí, ya sabía .
- ¡Pero si yo no te lo conté!
- No importa, yo ya sabía .

¿ Tenemos la bola de cristal? No: transmigramos nuestra alma al cuerpo del nene enfermo.
De todos modos, toda gripe se cura en diez laaaargos días, y hasta la próxima, todo se habrá olvidado. Por suerte también se olvidan de tu cara los pediatras de guardia que repiten “señora, no lo traiga siempre a la guardia , llévelo al pediatra de cabecera” . ¿Ah, sí? ¿A las diez de la noche, con un nene con 40 de fiebre? ¿Al pediatra que te da turno para el mes que viene, y donde te tocan dos horas de espera en una sala llena de nenes mocosos? El único pediatra de cabecera que precisa una madre es un pediatra que esté sentado en la cabecera de la cama del nene, no el que te da un celular que siempre tiene una grabación de contestador telefónico.
Situaciones como estas prueban las agallas de toda madre en momentos de crisis.

¿ Todo nos toca a nosotras?


Si las situaciones desesperantes no aparecen solas, las trae el jardín o la escuela.
Como cuando a tu nena que va a Sala Rosa le toca hacer de dama antigua el 25 de Mayo, pero no quiere hacerlo. Tenés que ponerle miriñaque a una miniatura de tres años que quiere disfrazarse de hada o de princesa, no de dama antigua. Tampoco quiere saber nada con peinetones en la cabeza, porque las princesas no usan peinetones.
No te queda más remedio que llegar tarde al trabajo luego de depositarla en el jardín luego de que la convertiste de que se vista de “hada antigua”- con un disfraz improvisado con una pollera vieja, una blusa arremangada y varios pañuelos,- tapada con toneladas de maquillaje para acallar sus quejas.
¿Fin de los problemas con el jardín?
No, el problema empieza a la salida del jardín: “Mami, ¿hoy puedo invitar a Rocío a casa?”
Esa frase es fatal. Vos no sabés si Rocío es tan suave y dulce como su nombre lo indica, o si es una minipunk que se va a divertir saltando sobre tus sillones y cabalgando sobre tu perro. Si ese mismo día tu hijito invita a sus amigotes Tobías y Manuel, ya sabés que aunque Rocío sea una dulce mujercita, Tobías y Manuel junto con tu hijo son capaces de convertir tu casa en una sucursal de Bagdad bombardeada mezcla con huracán del Caribe.
¿Como controlar a tantos niños sin una madre vigilante?
Queremos que tengan su vida social, nos encanta que se animen a invitar chicos… ¡pero mamá no está para avisarles que no pueden apilar tres sillas para acceder a la alacena de las galletitas! Si decimos “no inviten a nadie”, les coartamos su vida social. Pero si decimos siempre que sí… ¿Quién los controla?
Llegás a la tarde a casa agotada, para enterarte de que por suerte no pasó nada grave. Tobías perdió las pilas recargables de tu cámara digital, Manuel rompió una cuerda de la guitarra de tu marido, tu hijo tiró por el balcón la lapicera favorita de tu marido y Rocío – la amiguita de tu hija - se dedicó a bailar un patriótico malambo sobre galletitas Oreo pisoteadas sobre la alfombra…Pero están todos vivos, y por suerte en cinco minutos más, los respectivos padres pasarán a buscarlos a todos. Bueno… ya hace una hora y media que dijeron eso.
Es que para las otras madres tampoco hay nada mejor en la vida que saber que sus hijos están cuidados por otra madre. Equivale a unas minivacaciones de dos o tres horitas. ¡ Pero qué buena idea!

- Lucas …¿ No tenés algún amiguito que te invite a su casa a un piyama party que dure dos o tres días, mi amor?

Cuando siempre sos la última en irse a dormir


una madre nunca llega a casa a relajarse, sino a ponerla en orden.
Si no trabajás afuera , te tocó reunión de padres , barrer los pisos, pelar papas , hacer la comida , lavar todo, llevar a a la nena a danzas y a los chicos a fútbol, volver a acomodar la ropa seca, planchar un poco, salir a buscarlos, llevarlos al dentista, hacer la cena .,..¡no das más!
Cuando creías que ya habías terminado con tu jornada y metés a los chicos en la cama, tu hijo te dice “Casi me olvido : mañana tengo que llevar a la escuela una torta con forma de volcán para la clase de Geografía” Pensás que es chiste , o que tu hijo entendió mal . Pero no: la maestra pidió que formen grupos de a cuatro y que cada grupo lleve una torta con forma de volcán relleno de lava para explicar cómo estalla la corteza terrestre…¡o como estalla una madre agotada!
No podés decirle a tu hijo “te jorobás, me lo hubieras dicho antes” . El te explica que se peleó con los de su grupo porque lo cargaban por sus anteojos, por eso debe hacer la torta solo. Mejor dicho, mamá sola tendrá que esperar que el bizcochuelo se enfríe para darle forma de volcán relleno de lava de dulce de leche. El volcán queda como un chichón, pero así salen los volcanes nocturnos hechos con muchísimo sueño.
Ya es medianoche. Desde las diez estás tratando de meter a los chicos en la cama. Ya les apagaste tres veces la luz, y ellos siguen dando vueltas. Tu marido te dice: “¿Venís a la cama?” y vos le decís, “ Sí . Guardo todo en la heladera y ya voy”. Pero ya que estás en la cocina, ponés los platos en la pileta. Y cargás el lavarropas para mañana. Ves una mochila en el piso. La levantás y se caen tres cosas por un agujero. Cosés el agujero. Firmás el cuaderno de comunicados. Tu hija de tres años te llama desde su cama a los gritos, para decirte que acaba de recordar que mañana tiene llevar al jardín piedras y arena, vaya a saberse para qué. ¿Querrán construir un anexo? Y vos te vas a dormir con la extraña sensación de tener que asaltar la obra en construcción de la esquina para cumplir con los requisitos de la enseñanza primaria.
Tu marido insiste: “¿Y? ¿Venís a la cama?”.
“Sí, pará que busco cambio para pagar el micro de la escuela”, le decís.
Levantás unos calzoncillos del suelo. Regás las plantas. Cerrás la bolsa de la basura que nadie sacó. Ponés los trapos de piso en agua con lavandina.
Te lavás los dientes, mientras levantás ropa y toallas tiradas por el piso.
Exhausta, a la hora que hasta los ladrones y las brujas se quedan dormidos, entrás a tu cuarto a los tumbos, porque tu marido apagó la luz, y ya está roncando. Caés rendida en la cama, pensando que por fin el día terminó,
Pero ves un resplandor en el cuarto de tu hija de ocho años. Y vas a apagarle la luz, porque ella sigue leyendo…un libro de cuentos. Querés matarla. Pero optás por respirar hondo y preguntarle por qué lee cuando ya debería estar durmiendo desde hace tres horas. Y ella agita sus pestañitas y te dice “Leo porque ya no me contás cuentos antes de dormir, como cuando era chiquita”. Se te estruja el corazón. Te sentís una porquería de madre, una cruza de Cruella de Vil con la madrastra de Cenicienta.
Te sentás a su lado, la abrazás, la arropás y le contás un cuento cortito, porque ya no hay tiempo para más. Ella cierra los ojos, sonriendo. Le apagás la luz y te vas a la cama.
Pero no podés dormir, del acelere, y prendés la tele bajito, a la una y media de la mañana, para ver cualquier cosa.
Porque vos también querés que alguien te cuente un cuento antes de dormir.
Aunque te queden sólo cinco horas de descanso por delante.
Por suerte, ya vienen las vacaciones y se termina todo este rollo de la escuela, el jardín, los disfraces, las piedras y las tortas volcánicas…¡ Qué alivio! ¿Alivio? A los chicos les dan vacaciones, pero a vos no. Ellos no quieren ir a la colonia porque no les gusta ni el lugar, ni el profesor, ni ir hasta allá. O sea que las vacaciones son un largo período de chicos aburridos en tu casa, o de casa de amigo a casa de amigo, peleándose en cada casa, llamándote cada cinco minutos para que retes al hermano que le pegó, le sacó un juguete o le sacó la lengua, ensuciando todo lo que encuentran hasta que vos llegues a casa…a limpiar.
Así es la maternidad.
¿ Habrá alguna manera de simplificarla?

Comparación


Una amiga , madre que trabaja y no descansa nunca , me dijo una vez " La maternidad es como la comida china: lo que te parece dulce, es agrio. Lo que parece blando, es duro. Lo que parece carne , es grasa. Y lo que parece una sabrosa salsa es caldo con colorante. Y justo de lo que te gusta, cuando llegás a la fuente, ya no queda nada. " Al final, hay mucho para elegir, pero lo que nunca acaba comiendo, ya no sabemos si por el sabor o el nombre son los arrolladitos Primavera.

Trabajar por dinero ...


Trabajar por dinero es agotador, pero trae ventajas asombrosas. Además de la capacidad de tomar decisiones que te da – podés ir a la peluquería sin pedirle plata a tu marido - , te entrena en capacidades especiales de vos misma que antes desconocías.
Antes de tener hijos, demorabas una hora en concentrarte para escribir un informe. ¡Hasta te dabas el lujo de “tener ganas” de trabajar! Ahora, en cambio, con o sin ganas, sabés concentrarte en tu trabajo en un segundo mientras el nene duerme, para desenchufarte del trabajo cuando el bebé llora y volver a concentrarte a la velocidad del rayo mientras él se entretiene en romper tus revistas o desparramar spaghetti por toda la casa . Después te tocará barrer fideos, ¿pero qué importa, si terminaste tu trabajo?
Las madres que trabajan son magas del tiempo: lo estiran, lo compactan, lo potencian y optimizan de maneras que ni los físicos cuánticos podrían xplicar.
Aun así, todas sienten que les falta tiempo.
Una encuesta reciente٭ prueba que un 65% de las madres que trabajan quisiera tener más horas para ellas. Un 59% reconoce que hacen demasiadas cosas a la vez. Un 55% dice que el tiempo nunca le alcanza y un 45% dice que está haciendo las cosas más rápido que nunca antes en su vida.
Es decir que siete de cada diez mujeres que trabajan sienten que el tiempo no les alcanza. Cuando se les pregunta a esas mismas mujeres qué harían con ese tiempo libre tan anhelado, si lo tuvieran, sólo una minoría piensa en recuperar energías. La mayoría quieren más tiempo para ir al gimnasio (para estar más bellas) o al curso de repostería (para hacer cosas ricas para los chicos) .O sea, siguen queriendo hacer más cosas. Lo que muestra la increíble capacidad que tienen las mujeres para entretenerse a sí mismas, hasta haciendo cursos de macramé, tejido en telar y velas artesanales.
Pero todo esto vale la pena, por un solo motivo mágico:
Plata.
Tener plata. Tu propia plata. El dinero nos da mucho más que subsistencia. Nos da poder, libertad y autonomía. Tener un trabajo remunerado significa no depender del hombre para sobrevivir, tener independencia, poder de decisión y hacer todos los cursos que quieras sin tener que explicarle a tu marido qué es la reflexología .
Las mujeres que entran en el mercado laboral no suelen soltarlo. No todas podemos ser Madonna, pero trabajar es fantástico. Ser una madre que trabaja, pese a que es agotador, te permite disfrutar lo mejor de dos mundos: el laboral (tan lleno de desafíos y satisfacciones) y el de ser una mamá (tan lleno de manchas de puré y besos pegajosos ).
Ser esposa también tiene su encanto: el de llegar a casa y encontrar a un señor roncando en tu cama. Se duerme mejor sabiendo que no tenés que salir corriendo a buscar novio. Es más: la mayoría de las mujeres no podemos dormir cuando nuestro marido está de viaje. No es por la angustia de no tenerlo al lado, sino porque queremos aprovechar su ausencia para comer bizcochitos en la cama y leer novelas hasta el amanecer, sin que él se queje por la luz prendida. Así que el matrimonio es un buen somnífero. Pero siempre hay tanto que hacer, trabajes afuera o no, que una madre nunca puede parar de hacer cosas.
٭ De BMG, para Unilever, publicada en revista “Nueva”

De vuelta en casa

Después de una dura jornada laboral, todas soñamos con volver a casa, reírnos juntos y abrazar a nuestros retoños. Pero al abrir la puerta de casa, todos lloran al mismo tiempo, compitiendo en “quien la pasó peor hoy”. La casa es un desastre y todos te muestran cosas rotas, descosidas o quemadas: “Se me rompió el cierre”, “Se me salieron los botones”,“Las milanesas se quemaron”, etc. Lo primero que pensás es “Todo anduvo mal porque yo no estuve acá”. Eso es falso: todo hubiera andado mal con vos pegada al lavarropas. Tenés que saber que , apenas te ven , los chicos quieren que seas una mamá instantánea, como el puré en copos. Lo que no saben es que la única similitud que tenés con el antedicho alimento, es que llegás del trabajo hecha puré.
Nadie pone la mesa, porque “ a mí no me toca”. Ellos podrán olvidarse de hacer los deberes, pero no de cuántas veces puso la mesa cada uno, y quer ahora le toca a Nacho. Estuviste toda la tarde escuchando las injusticias que pasan en tu trabajo y ahora tenés que escuchar las terribles injusticias que pasan en casa. No es justo que te pase esto. Conclusión: La vida no es justa. Querés llegar a casa a dar mimos, y sólo podés dar órdenes.
La cena transcurre entre acusaciones, llantos y chanchadas varias, y después nadie quiere irse a dormir. ¿Sos vos, o están histéricos? Que los chicos siempre se portan mejor cuando vos no estás, un hecho científicamente comprobado.
¿Y sabés por qué se portan peor con vos? Porque si le lloran a la empleada, ella no les da pelota. Si le protestan a tu madre, ella sube el volumen de la radio. Si le hacen un escándalo a papá, el dice: “Shhhhh, que no escucho la tele” .Pero si te hacen reclamos a vos, decís: “A ver, a ver …¿ Cómo fue exactamente que te quedaste sin caramelos porque tu hermana los escondió cuando vos quería uno? ¿A qué hora pasó esto?¿Cuántos caramelos había? ¿Cuantos se comió ella? ¿Cuantos te debo? No, mi amorcito, no llores…¿Vamos juntos al kiosko, así elegís lo que quieras vos?”
Ejem …No es para que te sientas culpable, pero….¿Quién les está enseñando que las lágrimas son efectivas?
Así somos las madres: superpoderosas y supergenerosas.
Despues nos queda esperara que llegue papá a una hora decente como para delegar un pcoo las tareas. El hombre queria tirarase a mirara la tele y sacarse los zapaos y le toca bañar a Dani. poner la mesa, hacer el jugo , sacar la basura y apagarle la compu al que no la larga .
Bueno, che, hay que repartir un poco la cosa ...¡y de paso los ayudamos a practicar la autoridad paterna! Eso, si llegan a casa temprano. Si no, tenemos un rpounde hasta altas horas de la noche.

Nos encanta que nos necesiten


No somos víctimas de nada ni de nadie. Nadie nos obliga a que hagamos todo lo que hacemos. La verdad es que todo ese maremágnum de tareas lo hacemos porque queremos. Por dos motivos principales: porque nos da satisfacción y orgullo personal saber que podemos con todo – esa hermosa sensación de tener la “misión cumplida” – y porque nos encanta que nuestros amores nos necesiten. Cuando una esta de novia, sueña con casarse y tener hijos que le digan “mamá”. Cuando tiene el primer bebé, no ve la hora de que esa criaturita sonrosada aprenda hablar y nos diga “mamá” . Cuando son grandes, si nos lo dicen muy seguidos, nos quejamos porque nos interrumpen con sus pedidos y reclamos. Pero la verdad es que nos encanta escuchar esa palabra que nos hace sentir tan importantes y necesarias, tan abejas reinas y tan centro de sus pequeños universos.
Una amiga que trabaja en su casa me contaba que acostumbra interrrumpir sus tareas cuando llegan los chicos de la escuela, para hacerles la leche y merendar con ellos. Un día que estaba particularmente atareada con mucho trabajo atrasado, su hijo de doce años llegó y le dijo “Mamá, ¿ me hacés la leche?” . Viendo que no podía interrumpir su trabajo, ella le dijo “Nene, ya sos grande… ¿Qué te cuesta sacar una vaso de la alacena, sacra la leche de la heladera, abrir la lata de galletitas y hacerte la leche vos mismo?”
Tenia razón: el pibe estaba totalmente capacitado para servirse la leche sin su ayuda . Pero apenas ella terminó de pronunciar esas palabras, se sintió espantosamente mal y profundamente arrepentida. Y pensó: “Tiene doce años y me está pidiendo que le haga la leche. No lo pide por vagancia, sino porque quiere que yo lo atienda un poco, que me dedique un rato a él….¡Soy una bestia! ¿Cómo puedo dejarlo tomando la leche solo?¿Cuantos años mas me va a pedir que le haga la leche, antes de que crezca, sea un adolescente, se comunique con gruñidos, vaya a la facultad y sólo venga a casa a dormir?” Entonces salió como una tromba para la cocina para decirle: “ ¡ Nico , esperá que te sirvo la leche yooooo!” Por supuesto, el nene no entendió nada de esa reacción abrupta. Ella le sonrió un poco avergonzada y le dijo “Es que…necesito parar un poco para tomarme un cafecito…Contame, ¿cómo te fue en la escuela?”
Son muchísimas las cosas que podrían hacer nuestros hijos solos y las acabamos haciendo nosotras, sólo porque queremos hacerlas. Porque nos enternece que nos sigan necesitando, porque nos gusta que cuenten con nosotras, porque queremos que sepan que estamos ahí para ellos y porque nos encanta seguir escuchando ese titulo nobiliario que nos llena de orgullo: “¡Mamaaaaaaá!”

Tarde romántica...


Si no tenés culpa, no sos madre


La culpa es la sensación permanente de la madre que trabaja. Los chicos huelen la culpa, como los perros huelen el miedo. Si ellos te sienten culpable, te presionan y piden más. “Siempre quise tener un pony” te dice el de diez años, a sabiendas que vivís en un dos ambientes donde no se puede tener ni un hámster. “Mis amigas comen Rikositos de pollo y nunca se enferman, y vos me llenás la panza de plantas muertas, y siempre estoy resfriada”, te dice la que odia la verdura y no te cree cuando le decís que los Rikositos están hechos con plumas condimentadas.
La culpa te hace pensar “Pobrecito: estuvo solo todo el día, es lógico que se la agarre conmigo” .El problema es que las madres con culpa no saben poner límites. Y si no ponés límites con los chicos a medio metro de vos, ¿como pretendés ejercer autoridad a larga distancia?
Bajar los niveles de culpa es la prioridad numero uno de la madre que trabaja.


Las cuatro grandes culpas de la madre que trabaja

Hay tres motivos principales que llenan de culpa a la madre que trabaja

Primera culpa “No tengo tiempo para disfrutar con mis hijos”: Tenés miedo de que ellos crean que no querés estar con ellos, y no saben que eso es lo que más querés hacer … pero ¿cuándo? . Planeás alquilar una película y mirarla con ellos el fin de semana, Hasta llegás a cometer el error de prometer que lo harás. Pero llega el sábado( único momento en que te das un respiro) y les sale una invitación al asado de unos amigos, que quieren contarte sus propios problemas, y a quienes no les preocupa que tus hijos merodeen por su casa aburridos y te pregunten sin parar “ Mamá…¿ Cuándo nos vamos?” . El domingo tampoco podés organizar tiempo dedicado a ellos: es el cumpleaños de la tía Chola y los espera a comer en su aburrido departamento sin juguetes.En la semana estás tapada de trabajo. El rato para ellos parece alejarse cada vez más . Para consolarte, sabé que lo importante es que sepan que querés estar con ellos. Por suerte, los chicos son pacientes, y van a esperar que llegue el momento.


Segunda culpa: “Vivo esperando estar con mis hijos, y cuando estoy con ellos, no los soporto”: Esto es, justamente, porque los chicos son insoportables. Cuando una trabaja mucho se desacostumbra a estar con los hijos, hasta que no sabés qué hacer con ellos. Por esto es importante recordar que un niño de tres años pasa quince minutos contándote una pavada, y que un pavo de quince pasa tres horas sin hablarte. Tomá el asunto con la filosofía de saber que el tiempo que estás con ellos, aunque no sea el rato ideal, es el que les pudiste dar.

Tercera culpa : “ Mi carrera está estancada”
Ya sea madre que trabaja afuera, o que se dedique por completo a la casa, una siempre siente que puede hacer algo más con su vida. Pero los hijos te sacan toneladas de tiempo vital. La mamá que trabaja sabe que si no tuviera hijos ya habría escalado mucho más alto en su carrera. Sus subordinados la están pasando por encima y logrando mejores puestos. Y la mamá que no trabaja se da cuenta de que todos los años se propuso hacer algo al año siguiente, y nunca llegó a cumplirlo. Sea hacer un curso, estudiar un idioma, desarrollar una vocación…¡ nunca encuentra el rato para hacerlo!
Cuarta culpa: " Mi pareja hace agua"
La casa, los chicos , el trabajo ...¿ y la pareja qué? Claro que esto tu marido no se lo plantea, porque llega a la cama y ronca . ¡ Pero vos querés hablar de la relación! Y el te dice ..." Mirá ,a esta hora ...ZZZZZZ"

Que todas las madres piensen algo de esto en algún momento no indica que sentir estas culpas sirva para algo. Más que perder energías sintiendo culpas, lo que hay que hacer es tomar el toro por las astas y buscar soluciones. ¿ Las habrá?

Los 10 momentos de máxima culpa


Para la madre que trabaja, sentirse culpable es algo nefasto. Primero, porque te quita autoridad ante tus hijos, que entran en crisis porque te ven dudando cuando precisan firmeza: saber qué se puede hacer y qué no. Segundo, porque la culpa agota tanto que no te permite rendir bien ni en casa ni en el trabajo. Y, si una se fija bien, la culpa es por tonterías no demasiado serias, como “no sé cómo decirle que no quiero que
haga un pijama party justo ahora que estamos pintando la casa”. Decíselo, para que tu hijo asuma una limitación. La vida está llena de limitaciones, más vale que se vaya enterando. Los hijos deben saber que hay cosas que no les serán dadas. Ellos son más fuertes y más inteligentes de lo que pensamos. Perdonan y olvidan. Perdonan que mamá llegó tarde a buscarlos al jardín… ¡ olvidan la mochila en el jardín!
Veamos algunos de los momentos de culpa que sin duda nos aquejan a todas:



LOS DIEZ MOMENTOS DE MÁXIMA CULPA

1- Llegás del trabajo agotada, quejándote a tu madre de que no das más y ella te dice “ No sé para qué seguís en ese trabajo infame , pudiendo quedarte en casa a cuidar a tus hijos como yo te cuidé a vos”
2- Acompañás al nene al dentista, y este te dice “¡Así que Pablito tenía una madre!”
3- Lo retás a tu hijo porque nunca estudia, y él te dice “¿Y vos que sabés, si no estás nunca?”
4- Tu vecina te comenta “Pobre tu nene, se la pasa en casa… ¡y no sabés como le gusta que, por una vez en la vida, alguien le prepare una chocolatada con tostaditas con dulce!”
5- Lo llevás al médico alergista y el doctor te dice “Esto es psicosomático, su hijo está angustiado… ¿Usted le da suficiente contención?”
6- Te llaman de la escuela pidiendo que retires a tu hijo que se siente mal y vos no podés salir del trabajo.
7- Te alarmás desde el trabajo porque son las seis de la tarde y tu hija
no llega a casa. Cuando llega, ella te dice “ Hoy tengo Educación Física a la tarde…¡Nunca te acordás de qué cosas hago en la vida!”
8- Estás en medio de una reunión importante de trabajo y tu celular vibra. No podés atenderlo, porque pidieron que los apaguen. Y te retorcés pensando que hay una emergencia en casa. Que tal vez sea “ mami, no encontro mi oshito amadillo” , lo que , por supuesto, es una terrible emergencia.
9 Te mandan en un viaje de trabajo justo en el día de cumpleaños de tu hija, que te dice “¡Sin vos, no será un cumpleaños!”.
10- Llegás de pasar unas idílicas vacaciones con tus hijos el más chiquito te abraza diciendo con ojos tristes:“Mami, mañana no tenés que ir a trabajar otra vez, ¿no?”

Encariñada con las cosas

Esto pasa cuando nos encariñamos de algo que ya ni nos sirve . Pasa : tenemos el corazón blandito...

El mito de la calidad de tiempo


Dicen que más vale calidad de tiempo que cantidad de tiempo, y que el poco tiempo de dedicación total de la madre que trabaja vale más que la indiferencia de la madre que está todo el día en casa. Pero - ¡ay!- para que haya calidad de tiempo se necesitan dos cosas: quien quiera darlo y quien quiera recibirlo. A veces vos querés darlo, y tu hijo solo quiere mirar la tele.
El “tiempo de calidad” para compartir juntos no llega nunca, y menos cuando una quiere que llegue.
El “tiempo de calidad” juntos sólo se da en algún instante iluminado en medio de un largo domingo aburrido lleno de “cantidad de tiempo” juntos. O sea que si querés pasarla bien con tu hijo, llevalo al parque un domingo entero, y capaz que -con tal de que le compres un chupetín- tal vez tu hijo te cuente algo que pasó en la escuela, y así se incie una agradable conversación ..
Para tener “calidad de tiempo”, hay que compartir mucho tiempo libre juntos y esperar que nadie se grite “¡Callate, tarado, que yo le estaba hablando primero a mamá!”, con lo cual la única calidad de tiempo posible se logra gritándoles “¡Se callan todos!”.
Una piensa que “calidad de tiempo” es dialogar con los hijos. Pero los chicos no opinan igual. Si les preguntás qué es lo más le gusta compartir con vos, te va a decir que le encanta que lo lleves a casa de Matías a jugar con la Play Station, y lo busques cuatro hora después para alquilarle el video de Star Wars para ver en casa. ¡ Y una quiere dialogar!
Pero el diálogo entre padres e hijos no es cosa fácil. Como la familia es una unidad jerárquica: los padres no están (ni deben estar), en el mismo nivel que los hijos. Existe un principio de autoridad, que es el que permite que los hijos hagan lo que deben hacer, ya mismo. Sin autoridad efectiva, los hijos irían a la escuela descalzos, lo que no estaría mal si no hubiera clavos por la calle. O sea que si a la hora de ir a al escuela un chico no se puso los zapatos, no podrás hablar con él de ninguna otra cosa que no sea “Ponete los zapatos”, lo que limita enormemente la “calidad de tiempo” juntos y el rango de temas a dialogar. Para poder dialogar de manera fructífera, hay que hablar sin un propósito serio ni urgente. Pero si tu hijo no se pone los zapatos, esto no se logra, salvo en vacaciones.
La palabra vacación viene de vacuo, vacío: el tiempo vacío cuando no hay nada que hacer. Si estamos de vacaciones, no hay tanta urgencia en ponerse los zapatos. Por ende, no tendremos que darles solamente órdenes y podremos tener con ellos un diálogo ameno de verdad. O sea que,
para tener “calidad de tiempo” con tus hijos, habría que llevárselos a la playa para hablar de cosas que no sean “ Ponete los zapatos” , todos descalzos en la arena . Lo que para una madre es ideal, porque lo que más necesitás ya mismo son vacaciones. Las vacaciones tienen dos grandes virtudes : te acercan a tus hijos…¡ y te alejan de los platos sucios!